martes, 27 de octubre de 2026

CAMBIAR TU ACTITUD, CAMBIA SU FUTURO

Vaya lema el de este año en el DÍA NACIONAL DEL TDAH, 27 DE OCTUBRE: 

"Cambiar tu actitud, cambia su futuro". ¡Qué buena idea poner el foco en nosotros/as y no en ellos/as!.

La campaña de este año nos recuerda que acompañar a un niño o una niña, ofrecerle una ayuda ajustada y confiar en sus posibilidades puede marcar una gran diferencia.

Queremos invitaros a mirar a vuestros hijos e hijas con comprensión, confianza y esperanza, porque pequeños gestos que pueden convertirse en grandes logros.


¿Alguna vez habéis tenido que repetir muchas veces una instrucción? ¿Tu hijo empieza una tarea y enseguida se distrae? ¿Le cuesta esperar su turno, organizarse o controlar sus impulsos? ¿Se esfuerza y, aun así, parece que no consigue los resultados esperados?

Cuando estas situaciones se repiten, es fácil sentir preocupación, cansancio o frustración. Pero también es importante recordar algo: las dificultades no definen a nuestros hijos ni determinan hasta dónde pueden llegar.
 
🧡 ¿Qué es el TDAH?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una condición del neurodesarrollo que puede influir en la atención, la organización, el control de los impulsos y la regulación de la actividad.
No todos los niños y adolescentes lo manifiestan de la misma manera. Algunos tienen más dificultades para mantener la atención; otros necesitan moverse mucho o actúan antes de pensar; y otros presentan una combinación de estas características.
El TDAH no significa que un niño sea menos inteligente, que no quiera aprender o que sus padres no hayan sabido educarlo.

Comprender qué le ocurre es el primer paso para ofrecerle los apoyos que necesita en casa, en el colegio y en sus relaciones con los demás. OJO: ¡Necesitar ayuda no es lo mismo que no querer esforzarse!

🌱 ¿Qué podemos hacer como madres y padres?

     SÍ: 

PEQUEÑAS ACCIONES QUE AYUDAN A CRECER

❌ NO: 

 ¿QUÉ CONVIENE EVITAR?

1. Comprender antes que juzgar.

Intentemos preguntarnos qué dificultad puede haber detrás de una conducta, en lugar de pensar inmediatamente que lo hace para molestarnos.

1. Etiquetar y comparar.

Evitemos frases como «eres un desastre», «tu hermano sí que sabe hacerlo» o «siempre estás igual». Describamos la conducta concreta, sin convertirla en una definición de su persona.


2. Establecer rutinas y anticipar lo que va a ocurrir.

Los horarios visibles, las agendas, los recordatorios y las instrucciones breves pueden facilitar el día a día.

2. Confundir dificultad con falta de voluntad.

Decir «si quisieras, podrías» no enseña cómo resolver un problema. Es más útil identificar qué le está costando y enseñarle estrategias para afrontarlo.


3. Dar instrucciones claras y de una en una.

En vez de decir «¡Organiza todo y termina ya!», podemos empezar por «Guarda los libros en la mochila». Después, damos el siguiente paso.

3. Dar largas listas de órdenes.

Cuando una tarea resulta difícil, acumular instrucciones, reproches y prisas puede aumentar la confusión. Es preferible concretar, comprobar que nos ha entendido y avanzar paso a paso.


4. Reconocer el esfuerzo y los avances.

Valoremos que haya comenzado una tarea, que haya pedido ayuda o que haya conseguido esperar su turno. No hace falta esperar a que todo salga perfecto para reconocer un logro.


4. Recurrir continuamente a gritos, amenazas o castigos desproporcionados.

Los límites son necesarios, pero deben servir para aprender y reparar, no para humillar o generar miedo.

5. Poner límites con cariño y coherencia.

Comprender el TDAH no significa permitirlo todo. Los niños y adolescentes necesitan normas claras, consecuencias proporcionadas y adultos que las mantengan con serenidad.

Centrar toda la vida familiar en los errores y los deberes.

Nuestros hijos necesitan disfrutar, jugar, descansar, compartir tiempo con la familia y sentirse queridos por quienes son, no solo por sus resultados.


6. Ayudarles a organizarse sin hacerlo todo por ellos.

Podemos acompañarles al principio, dividir las tareas en pequeños pasos y retirar la ayuda progresivamente a medida que ganan autonomía.

6. Hacer todo por ellos ni exigirles una autonomía para la que todavía necesitan apoyo.

Acompañar no es sustituir. Podemos ayudarles a aprender a organizarse, tomar decisiones y responsabilizarse poco a poco.

7. Escuchar cómo se sienten.

Preguntemos qué les resulta difícil, qué les preocupa y qué creen que podría ayudarles. En la adolescencia, respetar su intimidad y contar con su participación resulta especialmente importante.

7. Olvidar sus fortalezas.

El TDAH no resume a una persona. Cada niño y adolescente tiene intereses, capacidades, cualidades y formas propias de relacionarse y aprender.

8. Trabajar en equipo con el centro educativo y los profesionales sanitarios

Compartir información y acordar estrategias permite ofrecer una respuesta más coherente a las necesidades del niño o adolescente.

 


Cada etapa necesita ADEMÁS, una forma de acompañar:
-En Educación Infantil: rutinas sencillas, juego, anticipación, movimiento y mucho aprendizaje acompañado.

-En Educación Primaria: instrucciones breves, apoyos visuales, organización de los deberes, reconocimiento del esfuerzo y coordinación con el colegio.

-En Educación Secundaria: escucha sin juicios, acuerdos sobre responsabilidades, apoyo en la planificación, respeto a la autonomía y acompañamiento emocional.

Las estrategias deben ajustarse a cada persona. No hay una única fórmula que funcione para todos.


🎬 Aprender a mirar con otros ojos
Os proponemos dedicar un ratito a «Vidas con TDAH». Conferencia del psiquiatra Luis Rojas Marcos publicada por Fundación CADAH.; especialmente recomendable para familias de Primaria y Secundaria.



Y si sois más de lectura que de audiovisual: Guía «El alumno con TDAH»

No siempre podremos evitar las dificultades. Habrá días buenos y otros más complicados.
También nosotros nos equivocaremos y necesitaremos volver a intentarlo.

Pero podemos elegir cómo acompañar: con límites, paciencia, expectativas realistas y confianza en sus posibilidades.

Nuestros hijos no necesitan padres perfectos. Necesitan adultos que intenten comprenderles, les enseñen a mejorar y les recuerden que pueden contar con ellos.