La dislexia puede afectar principalmente a la adquisición y automatización de la lectura y la escritura. Cada niño y cada niña tiene sus propias fortalezas, intereses y maneras de aprender, y nuestro papel como adultos es ayudarles a descubrirlas y potenciarlas.
Desde el Departamento de Orientación queremos aprovechar esta fecha para compartir algunas propuestas sencillas que las familias pueden realizar en casa. Son actividades pensadas para trabajar habilidades relacionadas con la lectura, la conciencia fonológica, la memoria y la atención, pero, sobre todo, para aprender jugando y pasar un buen rato juntos.
Juegos para hacer en casa1. Palabras encadenadas
Un clásico que podemos adaptar fácilmente.
Una persona dice una palabra y la siguiente tiene que decir otra que empiece por la última sílaba o sonido de la anterior.
Por ejemplo:
casa → sapo → pomelo → locomotora...
Podemos empezar utilizando palabras sencillas y, poco a poco, aumentar la dificultad.
¿Qué trabajamos? La conciencia fonológica, la atención y la rapidez para encontrar palabras.
2. El detective de sonidos

Elegimos un sonido, por ejemplo /m/, y nos convertimos en detectives.
Durante unos minutos tenemos que encontrar por casa objetos cuyo nombre contenga ese sonido: mesa, cama, mantel, lámpara...
También podemos jugar a descubrir dónde aparece el sonido: al principio, en medio o al final de la palabra.
¿Qué trabajamos? La identificación y discriminación de sonidos dentro de las palabras.
Con letras de cartón, imanes, tarjetas o incluso papelitos, podemos formar palabras.
Una opción divertida es decir una palabra y pedir al niño o niña que la construya con las letras disponibles.
Después podemos hacer pequeños cambios:
PATO → GATO → GOTA → ROTA
Así descubrimos cómo cambiar una sola letra puede transformar una palabra.
¿Qué trabajamos? La relación entre sonidos y letras, la conciencia fonológica y la lectura.
4. ¡Veo, veo... una palabra!

Podemos jugar al tradicional Veo, veo, pero incorporando las palabras.
Por ejemplo:
—Veo, veo. —¿Qué ves? —Una cosita que empieza por P. —¿Papel? ¿Puerta? ¿Pelota?
También podemos hacerlo buscando palabras que terminen con un determinado sonido o que tengan un número concreto de sílabas.
¿Qué trabajamos? La atención, el vocabulario y la conciencia fonológica.
Elegimos tres o cuatro palabras al azar y tenemos que inventar una pequeña historia que las incluya.
Por ejemplo:
dragón + bicicleta + helado + castillo
Podemos escribir la historia entre todos, dibujarla o simplemente contarla oralmente.
No importa que la historia sea disparatada. ¡Cuanto más divertida, mejor!
¿Qué trabajamos? El lenguaje oral, el vocabulario, la comprensión, la expresión y la creatividad.
6. La búsqueda del tesoro

Podemos esconder un pequeño “tesoro” en casa y preparar pistas sencillas para encontrarlo.
Las primeras pistas pueden incluir dibujos y palabras, y posteriormente podemos incorporar frases cortas.
Por ejemplo:
Pista 1: Busca donde guardamos los zapatos.
Pista 2: Ahora ve al lugar donde dormimos.
La actividad puede convertirse en una pequeña aventura familiar.
¿Qué trabajamos? La comprensión lectora, la atención y la motivación hacia la lectura.
Creamos parejas de tarjetas: una con una imagen y otra con su palabra escrita.
Las colocamos boca abajo y jugamos a encontrar las parejas.
Para hacerlo más sencillo podemos comenzar con pocas tarjetas y palabras conocidas.
¿Qué trabajamos? La memoria visual, la asociación entre imagen y palabra y el reconocimiento de palabras.
8. Cocinamos juntos

Una receta sencilla puede convertirse en una estupenda oportunidad para leer.
Podemos pedirles que nos ayuden a buscar los ingredientes, leer palabras cortas, interpretar cantidades o seguir algunos pasos de la receta.
Además, cocinar juntos tiene una ventaja importante: la lectura tiene un propósito real.
No estamos leyendo porque “hay que leer”, sino porque necesitamos saber qué hacer para conseguir nuestro objetivo.
Lo más importante: disfrutar juntosCuando acompañamos a un niño o niña con dificultades de aprendizaje, es fácil que algunas actividades relacionadas con la lectura y la escritura se conviertan en momentos de tensión.
Por eso, desde Orientación os proponemos algo muy sencillo: jugar, acompañar y disfrutar.
No es necesario corregir cada error ni convertir cada juego en una actividad escolar. Podemos dar modelos correctos, ayudar cuando sea necesario y, sobre todo, valorar el esfuerzo.
Un “¡qué buena idea!”, “vamos a intentarlo juntos” o “me ha encantado tu historia” puede ser mucho más motivador que señalar continuamente aquello que todavía cuesta.
La lectura no tiene por qué estar asociada únicamente a los libros de texto. Podemos leer cuentos, recetas, cómics, instrucciones, pistas, carteles o cualquier texto que despierte su interés.
Porque aprender también significa descubrir aquello que se nos da bien, encontrar nuestras propias estrategias y sentir que somos capaces.
En este Día de la Dislexia, recordemos:No todos aprendemos de la misma manera, ni al mismo ritmo.
Acompañar significa ofrecer oportunidades, adaptar las dificultades y celebrar cada pequeño avance.
Desde el Departamento de Orientación queremos animar a todas las familias a dedicar un ratito a jugar, conversar, leer y compartir. Porque, muchas veces, cuando el aprendizaje se convierte en juego, el esfuerzo se transforma en ganas de seguir aprendiendo.
