lunes, 14 de septiembre de 2026

BIENVENIDAS FAMILIAS IMPERFECTAS PERO PRESENTES

Queridas familias: ¡Feliz comienzo! Feliz comienzo de curso, de trimestre, de semana.
Todo inicio nos proporciona ese plus de novedad, de reto, de nuevos propósitos. Y por ello, quiero transmitiros una inyección de ilusión, pero también de realismo y de serenidad.

Por favor, que vuestros deseos de mejora (“este curso no me va a pasar”, “ya aprendimos el año pasado”…) no os sumerjan en la necesidad de ser esos “padres ideales que vuestros/as hijos/as merecen”. Basta una conversación con cualquier padre o madre que ronde la treintena (o pase de los cuarenta) para comprobar que uno de los sentimientos más extendidos entre las familias actuales es la de no llegar a todo, o peor, llegar a todo... pero mal. Madres que llegan a la noche con la sensación de no haber jugado lo suficiente, padres que saben que han gritado más de la cuenta, otros que han preparado una cena de rancho que ha generado protestas, o quienes han cedido ante una pantalla o han olvidado revisar una tarea.

Y a la culpa cotidiana se suma un mercado entero de expertos, métodos y cuentas de Instagram o TikTok que parecen repetir: podrías, y deberías, hacerlo mejor. El resultado es una generación de padres hiper informados, pero a menudo agotados y, como es lógico, incapaces de alcanzar la perfección de tantos estándares.

Este verano me topé con un artículo de Gregorio Luri, uno de los filósofos y pedagogos más relevantes de nuestros días (también maestro), que llevaba por título «Todo niño tiene derecho a unos padres tranquilos e imperfectos»; ¿qué os parece? En él nos recuerda que los hijos no necesitan padres héroes eficientes, pero agotados, sino serenos y cariñosos. Y yo añado: Vuestros hijos no necesitan más que seres humanos auténticos, con cabeza y corazON, presentes.

Se trata de devolver “la educación y la vida de familia al terreno de la realidad, donde tiene lugar el asombro y la verdadera transmisión moral”. Por tanto, educar no consiste en aplicar recetas o marcar tips de una lista, sino en mantener una presencia adulta constante, cariñosa, razonable y confiada, capaz de educar desde el ejemplo de una vida imperfecta y frágil, pero que aspira a ser virtuosa.

Los hijos, recuerda Luri, necesitan normas, conversación, afecto y ejemplo. Pero también necesitan comprobar que los adultos saben que pueden equivocarse sin derrumbarse, que pueden pedir perdón ganando con ello autoridad, y seguir queriendo de forma incondicional sin dramatizar cada error.

La serenidad en la educación en el hogar no consiste en hacer las cosas como si nada importara, o como si todo fuese relevante. Consiste en comprender que la familia no es un laboratorio, ni una empresa en la que prime la eficiencia.

Huyamos de la carrera por hacerlo todo bien, por acercarnos a ese ideal de padre y madre perfecto que no genera más que una enorme presión y sentimientos de culpa. Sí a padres y madres que aman sin confundir proteger con evitar cualquier frustración y que son lo suficientemente buenos para volver a intentarlo cada día. Podemos equivocarnos, pedir perdón, reparar y comenzar de nuevo (me habréis escuchado eso de: “cada día sale al sol”). Los hijos no necesitan padres prefectos, necesitan padres, madres, presentes.

Pedro Poveda lo tenía claro:

“YO QUIERO SÍ, VIDAS HUMANAS; CASAS EN DONDE EL HUMANISMO IMPERE”

Y si queréis saber algo más sobre Luri, asomaos a obras suyas como: "Mejor educados", "Elogio de las familias sensatamente imperfectas", "La escuela no es un parque de atracciones". O a una de sus ponencias sobre las familias imperfectas y los Simpson